Estudiar una carrera universitaria siendo mamá mi experiencia 2
Escritos,  Maternidad y Crianza

Estudiar una carrera universitaria siendo mamá: mi experiencia

Si no fuera por el Covid-19, hoy habría sido nuestro día de graduación: la fiesta que todos esperan cuando empiezan a estudiar una carrera. Esta semana he presentado mi trabajo de fin de grado después de cuatro años de mucho esfuerzo y muchas horas de locura, así que me apetecía contar mi experiencia y dejarla por escrito, por si puede ayudar a alguien, y para recordar mi largo camino.

Es mi segunda carrera universitaria. Hace justo diez años me gradué de la licenciatura en periodismo. Poco después de aquello, empecé a trabajar en turismo, y al cabo de pocos meses me quedé embarazada. Tenía 24 años. No llegué a encontrar trabajo de periodista, y me quedé en turismo, donde me acogieron gracias a mis idiomas a pesar de no tener estudios relacionados con ello. Y del turismo no me moví, hasta día de hoy.

No hace falta decir que el turismo es lo peor en cuanto a conciliación familiar. Cuando nació mi segundo hijo, mi pequeña, yo tenía 27 años y allí empezó la locura. Era una niña muy complicada emocionalmente hablando y no se la podía dejar con cualquiera. Reducí mi jornada laboral para poder atenderla algunas horas más, pero aun así, seguía trabajando todos los fines de semana, así que mi madre tenía que cuidar de mis hijos. Y no fue fácil.

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Por qué decidí estudiar educación infantil

Para añadir un poco más de sal a toda la locura de conciliar trabajo con niños, decidí ponerme a estudiar. Mis hijos tenían 1 y 4 años. ¿Por qué lo hice? A raíz de tener hijos, me empecé a dar cuenta de que esto de la educación es un mundo maravilloso y había estado devorando libros de crianza y educación uno tras otro, como siempre he hecho con los temas que me fascinan. Así que en julio de 2016 me lancé: ¿puedo empezar un grado en educación infantil y terminarlo con dos niños y un trabajo, sin morir en el intento? Pues como me van los retos, me dije: vamos a ello, y que sea lo que tenga que ser.

Mi familia me apoyó al 100%. Tengo que decir que me lo pensé mucho, puesto que en este maravilloso país, si ya tienes una carrera y decides estudiar otra, te cobran un 40% más por crédito, así que os podéis imaginar el total por matrícula cada año. El primer año fraccioné el pago en 10 meses, y en los posteriores logré sacar matrículas de honor, que me permitieron reducir sustancialmente la cantidad de dinero que tenía que pagar año tras año.

Pero allí estaba yo, con una bebé que ni tan solo andaba, ni dormía, que lloraba todo el día y no se despegaba de mi pecho, y con un niño de 4 años con sus demandas y necesidades. Había días en los que iba a clase a las 8 de la mañana sin haber pegado ojo, y he hecho más de dos y tres exámenes con un par de horas de sueño, y no precisamente por haberme pasado la noche estudiando.

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Compaginando trabajo con clases presenciales y dos niños pequeños

Lo bueno de trabajar en turismo (bueno según como se mire), era que trabajaba de marzo a octubre, así que los meses que se solapaba trabajo con clases (que siempre he hecho presenciales) eran pocos. Aun así, eran una locura. Cada marzo-abril-mayo me encontraba trabajando 7 horas diarias, incluídos los fines de semana, y yendo a clase depués del trabajo o en mis días de fiesta.

En cuatro años no he tenido jamás vacaciones. He enlazado trabajo con carrera, carrera con trabajo, trabajo con prácticas, prácticas con trabajo, trabajo con carrera. Todo esto buscando opciones para no dejar a mis niños desamparados en verano, pagando casals de verano, haciendo muchas horas de coche al día para dejarlos con los abuelos e inventándonos mil y una opciones para sobrevivir. No os voy a mentir si os digo que el confinamiento ha sido mi salvación. Me ha permitido terminar mi carrera y mi trabajo de fin de grado sin tener que hacer malabares para trabajar, aunque hacer trabajos de la universidad con los niños en casa tampoco es que haya sido un camino de rosas, ya me entendéis.

Me acuerdo especialmente del segundo curso. Tras varios ataques de ansiedad en plena temporada de turismo, trabajando de 8 a 3, sabiendo que al salir tendría que ocuparme de los niños hasta las 9 de la noche, y que no me había ni tan solo leído los apuntes para los exámenes del dia siguiente, terminé el curso y lloré. Salí de la última clase de ese curso y bajé las escaleras de la facultad como si estuviera en una película: llorando y a cámara lenta. No me creía que lo hubiera podido terminar. Y eso es lo que me pasó el lunes tras la presentación del trabajo de fin de grado: lloré lo que no está escrito. Nadie más que mi familia y yo sabemos lo que me ha costado esto. Más que por los estudios en si, me ha costado por toda la conciliación que supone tener familia, trabajo y universidad. Pero ya está…

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¡Ya soy maestra!

Y, a día de hoy, esperando las notas de las últimas asignaturas, todavía no me creo que haya terminado. A veces, me tumbo en el sofá (un par de minutos, tampoco os penséis) y tengo la sensacicón de que tendría que estar en el ordenador, elaborando cualquier trabajo de cualquier asignatura, hasta que la realidad me golpea y me doy cuenta de que no, de que esto ya está. Siempre decía: cuando termine el grado, mis hijos tendrán 4 y 7 años (casi 5 y 8), y yo tendré 32. Me imaginaba este momento. Me imaginaba la graduación, acompañada de mis hijos (quizás de un tercero?) y me ponía a llorar. A veces pensaba que no llegaría nunca el momento, aunque dentro de mi, sabía que lo lograría. Pues no hay nada más importante que confiar en uno mismo. Y me ha costado toda esta carrera para llegar a creerme de lo que soy capaz.

Y ahora… a por un máster. Aunque voy a dejar un año de por medio, necesito centrarme sólo en hijos y trabajo durante unos meses…

Aunque haya sonado todo un poco a locura, yo os animo a que estudiéis, si es lo que realmente queréis. Nunca es tarde para empezar algo que te apasiona, nunca. Y cuanto antes lo empieces, antes acabarás y podrás dedicarte a lo que de verdad deseas. Si yo he podido hacerlo, cualquiera puede.

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Bimadre de dos peques, amante de la fotografía y aprendiz de maestra.

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