Maternidad y Crianza

Los inicios de mi tercera lactancia

Mi tercera lactancia materna empezó como la segunda: con grietas y dolor, aunque mejoró mucho más rápido. Con mi primer hijo no logré darle el pecho, aunque no fue por falta de ganas. Mi hijo sufrió mucho durante el parto y los fórceps le provocaron parálisis facial (que se curó con el tiempo) y también con frenillo (que cortaron al nacer), así que creemos que tenía algo de hipotononía que le impedía succionar con fuerza. Pasó mucha hambre y perdió mucho peso hasta que decidí darle un biberón. Y tan tranquila me quedé. Eso fue hace casi 9 años y ni mi experiencia ni mis conocimientos en aquel momento tenían nada que ver con los de ahora. Quizás habría hecho las cosas de forma diferente (le habría dado mi leche con jeringuilla, habría probado las pezoneras…), y quizás habría logrado una lactancia materna efectiva. El caso es que lo pasé muy mal intentando que se enganchara al pecho, así que mi segunda lactancia la empecé con miedo.

Dí el pecho a mi segunda hija hasta los 24 meses y, una vez superadas las grietas y el dolor, fue una lactancia muy agradable, bonita y satisfactoria. Hice uso del sacaleches en el trabajo hasta que me cansé, que fue alrededor de los 9 o 10 meses, pero le continué dando el pecho a demanda cuando volvía del trabajo.

Afronté la tercera lactancia también con algo de inquietud, por las temidas grietas y por el uso de las pezoneras (que, en realidad, salvaron mi segunda lactancia), pero sabía que no tenía por qué ser igual que la primera o la segunda.

Los primeros días: dolor y grietas

Mi tercera lactancia empezó muy bien, con la pequeña enganchándose al pecho de forma instintiva, rápida y eficaz. El agarre parecía ser bueno, con los labios evertidos y una buena posición, pero durante la primera noche en el hospital le quise dar el pecho tumbada y ahí llegaron los primeros problemas.

El día siguiente me levanté con el temido y conocido dolor de pezones y empezaron a salirme grietas con sangre. A ratos me dolían y a ratos no tanto, pero lo que más insoportable se hacía era el inicio de la succión, cuando la bebé hacía la ventosa y notaba el reflejo de salida de la leche.

Me subió la leche muy pronto, antes de las 48 horas, y eso empeoró el dolor en los pezones. Con la mediana, me di cuenta de que tenía muchísima leche y un reflejo de eyección muy fuerte, así que la leche me salía disparada cuando la pequeña se apartaba del pecho.

Esta vez, con la tercera, me pasó lo mismo. A la superproducción de leche y la hinchazón, se le sumó el dolor de las grietas, y me pasé los dos o tres primeros días postparto llorando las 24 horas, temiendo cuando la niña lloraba y tenía que acercarla al pecho. Aún así, como el agarre era bueno, tuve la suerte de que las grietas se curaron muy rápido (creo que si no hubiera dado el pecho en una mala posición tumbada en el hospital, no me habrían salido), y a la semana de vida ya no tenía nada.

A pesar de que el dolor y la sangre se marcharon rápido, la producción de leche era mayor de la que la bebé necesitaba, así que me pasé las dos primeras semanas extremadamente adolorida. Esto, sumado a las dificultades del postparto, el malestar y el tener que cuidar a dos niños más, me hizo sentir bastante miserable durante unos cuantos días.

Hipergalactia y reflejo de eyección hiperactivo

Pero no todo termina aquí. Lo que peor me lo hizo pasar durante los inicios de esta tercera lactancia fue que mi bebé se atragantaba con mi leche. A cada toma, y varias veces durante la misma. Empezó a los cuatro o cinco días, cuando se fue el calostro y la leche empezó a salir más acuosa. Cada vez que mi hija rozaba el pezón (no hacía falta ni succionar, que ya me subía la leche), salía a chorro y ella se atragantaba. Lo hacía de tal forma que una de las veces hasta dejó de respirar durante unos eternos segundos, para pasar posteriormente a vomitar todo lo que había tragado, y llorar desconsoladamente durante una buena media hora del susto. Pero lloró ella, y lloré yo, durante un día entero.

A partir de ese momento, me asusté mucho y pasaba verdadero terror cada vez que la pequeña se acercaba al pecho. Me tenía que concentrar, estar en completo silencio, escuchar su respiración y estar atenta para incorporarla rápido si veía que se atragantaba. Como cada vez que me ocurre algo, leí mucho, muchísimo. Artículos de expertas en lactancia, experiencias de otras madres, hasta artículos científicos sobre la hipergalactia y el reflejo de eyección de la leche hiperactivo. También consulté con asesoras de lactancia para que me dijeran qué podía hacer.

Solución: sacar un poco de leche antes de las tomas

Y encontré mi fórmula: ponía a la pequeña al pecho, dejaba que se enganchara, y en cuanto notaba la subida de la leche la apartaba (lloraba y se enfadaba mucho, pero prefería esto a que se ahogara), y me sacaba leche de forma manual, al principio en una toalla de lactancia y más adelante en un colector de leche. Lo hacía de forma muy rápida, y no solo cuando notaba la primera subida, sinó también con las posteriores, que también solían atragantarla. De esa forma, logré que el pecho quedara algo más vacío y que mi hija tomara menos leche acuosa, rica en lactosa, y tomara más leche del final, más grasienta, que salía menos líquida y con la cual se atragantaba menos. Era un engorro, porque significaba que no podía darle el pecho en cualquier lugar, y siempre dependíamos de sus tomas para salir de casa. Además, tenía que ir con cuidado, porque si sacaba demasiada leche antes de las tomas, eso podía agravar mi problema de superproducción de leche, así que sacaba la justa y necesaria, y nunca con el sacaleches.

Por culpa de este reflejo de eyección hiperactivo, mi hija ingería mucha leche del inicio, rica el lactosa, con lo cuál le dolía el estómago y tenía muchos gases, resultando así en los malditos cólicos. También hacía cacas verdosas y ácidas, y se le irritó el culito. En ese punto, empecé a pensar que quizás tenía alergia a la proteína de la leche de vaca, y empecé a eliminar los lácteos y sus derivados de mi dieta, pero lo único que le pasaba era que ingería demasiada leche rica en lactosa. Una vez se solucionó eso, sus caquitas empezaron a ser normales de nuevo.

Técnica de la lactancia en bloque

Además, hacía la técnica de la lactancia en bloque: le daba el mismo pecho cada toma, durante varias horas seguidas, para que lo vaciara por completo. Eso dejó de funcionarme alrededor del mes de vida, cuando empezó a pedirme el segundo pecho, y cuando me dí cuenta de que en realidad era mejor que tomara leche de ambos pechos, porque el otro se quedaba demasiado lleno cuando llegaba el momento de ofrecérselo. Aún así, creo que la lactancia en bloque ayudó a disminuir un poco mi producción.

Otra de las recomendaciones que me dieron fue darle el pecho incorporada hacia atrás, de forma que ella no estuviera tumbada mirando hacia arriba, sinó al revés, encima de mi pecho, para que pudiera controlar el flujo de leche y que le cayera por la boca si le sobraba. He de decir que esto no me funcionó demasiado, le caía la cabeza hacia mi pecho y se enfadaba todavía más.

¿Problemas respiratorios o inmadurez?

Algo que también me angustiaba (y que todavía ahora, a los dos meses, le pasa), era que se le quedaba leche en las vías respiratorias y respiraba con sibilancias, sobretodo por la noche. Eso sumado a la rinitis del lactante y el reflujo hizo que empezara a pensar que mi hija tenía algún problema respiratorio. En realidad, muchas de las cosas que llegamos a pensar que les pasan a nuestros bebés durante los primeros meses de vida se resuelven con la maduración de su sistema digestivo, respiratorio y neurológico, pero creo que las madres estamos programadas para preocuparnos y pensar que nuestros bebés tienen “algo”.

Unas cinco largas semanas después, mi producción empezó a regularse, por fin, y eso combinado con la maduración de mi pequeña y su habilidad por respirar y succionar a la vez hizo que dejara de sacarme leche antes de cada toma y que ella dejara de atragantarse.

Dos meses después

Ahora, con dos meses, en alguna toma nocturna todavía se atraganta si hace horas que no come (hay días que me duerme 6 horas del tirón y el pecho se me queda demasiado lleno), pero parece que ella lo controla mejor, y tosiendo un par o tres de veces se soluciona.

Hemos pasado también nuestras crisis de lactancia, y al atardecer, cuando está tan cansada que no puede dormirse, rechaza mi pecho, se engancha y desengacha hasta que termina llorando desconsoladamente, así que estas últimas noches le he estado dando biberón con mi leche, uno pequeño, de unos 50 o 60 ml, y esto hace que se calme y luego tome mi pecho con más tranquilidad.

Si he sufrido tanto, ¿por qué aguanto? Pues bien, con mi mediana aguanté el dolor de las primeras semanas porque sabía, de algún modo, que ella necesitaba el pecho. La tenía enganchada 24 horas al día y era su consuelo, su lugar seguro. Así que aguanté y, al final, todo se regularizó. Con esta bebé aguanto porque tras mi experiencia con la mediana, sé que llega un momento en el que la lactancia se vuelve lo más fácil del mundo. De hecho, a los dos meses ya ha mejorado muchísimo, aunque todavía es pronto y sigue habiendo pequeñas dificultades o contratiempos. Cada dia aprendo cosas nuevas, hay días en los que ella se enfada al pecho y no sé por qué, hay otros que come mucho, algunos come poco… No negaré que es desconcertante, principalmente por el hecho de que nunca sabes qué cantidad llegan a comer. Pero si los bebés van creciendo, ganando peso y mojando pañales, es buena señal.

Es tan solo mi experiencia; si tienes problemas, busca ayuda

Contando mi experiencia no quiero dar ninguna lección ni recomendación, puesto que existen unas figuras maravillosas llamadas asesoras de lactancia que pueden ayudaros si los inicios os cuestan. La lactancia materna no tiene por qué doler, así que no dudéis en buscar ayuda si tenéis grietas, molestias o dudas. Me he limitado a explicar mi experiencia con la tercera lactancia, que no por ser la tercera tiene que ser más fácil.

Os deseo una lactancia feliz y exitosa, y recuerda: si hay que darle biberón, no pasa absolutamente nada. Seguro que serás una madre maravillosa.

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Bimadre de dos peques, amante de la fotografía y aprendiz de maestra.

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